sábado, 17 de mayo de 2014

El futbol y yo I: No soy futbolero.

Yo no soy futbolero, la verdad, no. No lo soy.
No lo soy, porque para ser futbolero, como de cualquier afición, es algo que debe tener uno desde la infancia, es algo aprendido que ve uno en los padres, emocionarse gritando ¡gooool!, o pasando buenos momentos cada semana viendo al equipo favorito.
O como una pasión aprendida de los cuates, que comparten el mismo equipo, o que hubiera yo visto una temporada de un equipo que me marcara la infancia como para hacerme su hincha.
No soy futbolero, porque mis padres tampoco son futboleros.
No soy futbolero, como si soy beisbolero, habiendo vivido con mis padres la "fernandomanía" de los 80, viendo el beisbol en los partidos nocturnos narrados por "el mago" Septién y el "sunny" Alarcón, viendo a los Dodgers de entonces, que al final, terminé aborreciendo y abjurando de mi pasión por ellos y cambiando de equipo. Pero eso... es otra historia.
No soy futbolero, como si soy fan del futbol americano, al seguir las temporadas ochenteras de mis "49ers", esa pasión si la aprendí solo, solo porque de haber sido heredada, sería fan de Pittsburgh, o Dallas (¡primero perro!), pero esa... es otra historia. 
En resumen, no soy futbolero, y no lo digo con orgullo, es algo que se es, o no. No soy hincha de ningún equipo en la liga nacional, no me emociona quien gane o quien pierda.
No soy futbolero, pero tampoco caigo en el extremo del maestro Borges de hablar mal del futbol o de la gente a la que le gusta, mucha gente que respeto, varios intelectuales, son futboleros, o lo eran.
En resumen: No soy futbolero, pero estoy enterado de los asuntos del futbol, y disfruto de ver un buen juego, pero esa... es otra historia. 

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