martes, 11 de noviembre de 2014

Mater et Magistra

Hace tiempo me dieron ganas de organizar en mi cabeza las cuestiones acerca de la doctrina social de la Iglesia desde el principio. Asi que volví a leer la Encíclica "Mater et Magistra" (Madre y Maestra) de San Juan XXIII. La leí por primera vez, hace ya casi 15 años, y puedo decir que no me cambió la vida, pero si definitivamente, me cambió la forma de ver la función de la Iglesia Católica y su función en el mundo.
Fue algo muy interesante, pues de considerar que la Iglesia solo se trataba de unos padrecitos que se dedican a dar sus misas, y atendiendo cosas "del espíritu", de repente ocurrió que estaba yo leyendo un texto que hablaba de política, de cuestiones económicas, y sobre todo del trabajo y de justicia social (¡No, wey!, ¿como de justicia social?). Asi es, San Juan XXIII (que cuando yo la leí, aun no era santo), retomó las enseñanzas de la "Rerum Novarum", de León XIII (que es un fenómeno interesantísimo y un parteaguas en la vida de la Iglesia y comentaré tal vez algún dia, aunque adelanto que tal vez (y solo tal vez) sea mas importante para los obreros que "el mismísimo" Marx).

Desde que leí la Mater et Magistra, me quedaron claras varias cosas:
1. La Iglesia busca el desarrollo de la persona en forma integral, no solo preocupándose por su alma, sino también por su trabajo y su dignidad.
2. Hay políticos de entonces y de ahora, que tienen menos idea de la justicia social, que la que viene en la Mater et magistra, porque aquellos, sus justificaciones traen agendas históricas, de reivindicación de grupos, suelen estar atascados de razones políticas, pero no tienen como eje, la dignidad de la persona, y por eso muchas veces, se oyen vacíos e inconexos.
3. Que la idea es empujar la agenda laboral y de justicia social, para hacer un mundo mas justo.
No falta el chairo: "¡No wey, la iglesia está del lado de las grandes corporaciónes y el poder económico!". No weyes, no. No dudo que haya algunos que si, como lo denuncia su santidad Francisco, pero en la letra, que los feligreses también deberían conocer, la Iglesia está muy interesada en los mas vulnerables, y no para que se resignen a la suerte que les tocó, sino para que puedan tener todo para desarrollarse de manera integral.
La mater et magistra, me cambió la forma de ver a la Iglesia con joyas como las siguientes:

  • 3. Por tanto, la santa Iglesia, aunque tiene como misión principal santificar las almas y hacerlas partícipes de los bienes sobrenaturales, se preocupa, sin embargo, de las necesidades que la vida diaria plantea a los hombres, no sólo de las que afectan a su decoroso sustento, sino de las relativas a su interés y prosperidad, sin exceptuar bien alguno y a lo largo de las diferentes épocas.
  • 57. La experiencia diaria, prueba, en efecto, que cuando falta la actividad de la iniciativa particular surge la tiranía política. No sólo esto. Se produce, además, un estancamiento general en determinados campos de la economía, echándose de menos, en consecuencia, muchos bienes de consumo y múltiples servicios que se refieren no sólo a las necesidades materiales, sino también, y principalmente, a las exigencias del espíritu; bienes y servicios cuya obtención ejercita y estimula de modo extraordinario la capacidad creadora del individuo.

  • 58. Pero cuando en la economía falta totalmente, o es defectuosa, la debida intervención del Estado, los pueblos caen inmediatamente en desórdenes irreparables y surgen al punto los abusos del débil por parte del fuerte moralmente despreocupado. Raza esta de hombres que, por desgracia, arraiga en todas las tierras y en todos los tiempos, como la cizaña entre el trigo.

  • 135. Es necesario también que en la agricultura se implanten dos sistemas de seguros: el primero, relativo a los productos agrícolas, y el segundo, referente a los propios agricultores y a sus respectivas familias. Porque, como es sabido, la renta per capita del sector agrícola es generalmente inferior a la renta per capita de los sectores de la industria y de los servicios, y, por esto, no parece ajustado plenamente a las normas de la justicia social y de la equidad implantar sistemas de seguros sociales o de seguridad social en los que el trato dado a los agricultores sea substancialmente inferior al que se garantiza a los trabajadores de la industria y de los servicios. Las garantías aseguradoras que la política social establece en general, no deben presentar diferencias notables entre sí, sea el que sea el sector económico donde el ciudadano trabaja o de cuyos ingresos vive.

  • 137. Dada la peculiar naturaleza de los productos agrícolas, resulta indispensable garantizar la seguridad de sus precios, utilizando para ello los múltiples recursos que tienen hoy a su alcance los economistas. En este punto, aunque es sumamente eficaz que los propios interesados ejerzan esta tutela, imponiéndose a sí mismos las normas oportunas,no debe, sin embargo, faltar la acción moderadora de los poderes públicos.

Y como éstas, muchas mas frases que en conjunto dan cuerpo a la doctrina social de la Iglesia desde hace mas de 50 años.

  • 138. No ha de olvidarse tampoco que el precio de los productos agrícolas constituye generalmente una retribución del trabajo, más bien que una remuneración del capital empleado.