martes, 26 de febrero de 2013

Joseph Ratzinger y el Futbol


“Cuando se hojea la prensa y se escucha la radio, se comprueba en seguida que hay un tema dominante: el fútbol y la liga de fútbol. Este deporte se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el mundo por encima de las fronteras nacionales, con un mismo sentir, con idénticas ilusiones, temores, pasiones, y alegrías. Todo esto nos revela que nos encontramos frente a un fenómeno genuinamente humano 
Surge espontánea la pregunta sobre el porque de la fascinación que ejerce este juego. El pesimista constará que es una repetición mas de lo que ya se experimentó en la antigua Roma. Pan y circo, panem et circences. 
Pero incluso si aceptáramos esta respuesta, tendríamos que preguntarnos: ¿Y a que se debe semejante fascinación que lleva a poner el juego junto al pan, y a darle la misma importancia? Volviendo de nuevo a la antigua Roma, podríamos contestar a esta pregunta   diciendo que aquel grito que pedía “pan y juego” era la expresión del deseo de una vida paradisiaca. En este sentido el juego se presenta como una especie de regreso al hogar primero, al paraíso; como una escapatoria de la existencia cotidiana, con su dureza esclavizante. 
Sin embargo el juego tiene, sobre todo en los niños, un sentido distinto: Es un entrenamiento para la vida. 
A mi juicio la fascinación por el fútbol consiste esencialmente en que sabe unir de forma convincente estos dos sentidos: ayuda al hombre a autodisciplinarse, y le enseña a colaborar con los demás dentro de un equipo, mostrándole como puede enfrentarse con los otros de una forma noble. 
Al contemplarlo, los otros se identifican con ese juego, haciendo suyo ese espíritu de colaboración y de confrontación leal con los demás. 
Desde luego, la seriedad sombría del dinero, unida a los intereses mercantiles, puede echar todo esto a perder. 
Al pensar detenidamente en todo esto, se plantea la posibilidad de aprender a vivir con el espíritu del juego, porque la voluntad del hombre se alimenta también de reglas y de autodisciplina. 
En todo caso la visión de un mundo que vibra con el juego, debiera servirnos para algo mas que para entretenernos, porque si fuéramos al fondo de la cuestión, el juego podría mostrarnos una nueva forma de ver la vida. 
 Mitarbeiter der arheit (Ratzinger).”


(Joseph Ratzinger. Orar, Planeta. Barcelona, 2008. pp. 302-303)

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