jueves, 14 de enero de 2016

Dias aciagos

Ayer fue un dia raro. Uno de esos dias nefastos que decían los aztecas. Para mi no, gracias a Dios, nada pasó, pero fué algo raro, fué uno de esos dias que recuerda uno para siempre, no por malos, no por buenos, sino por diferentes.
El dia de la nevada. No nevó para acá, pero tuvimos la primera lluvia del año.
Por acá todo el tiempo llueve, salvo 4 meses (enero entre ellos), y el día comenzó con un taxi que se estampó en un poste de luz, pero además lo tiró, pero además jaló al poste cercano, pero además le cayó encima a un trailer, y ademas, como era de esperarse cuando se cae un poste cercano, en el hospital se fué la luz.
El caos vial para entrar, pues tratándose de postes de luz, requiere cierto tipo de maquinaria, y espacio para maniobrar, cerraron durante horas la vialidad con la correspondiente locura para llegar, cerca de un kilómetro de caos vial.
Es raro entrar en el hospital con la mitad de las instalaciones funcionando. La mitad de las computadoras funcionando, pues al carecer de red eléctrica, el hospital depende por completo de la planta de diesel.
Los consultorios sin computadoras, con unas cuantas luces prendidas, los quirófanos, esos si, funcionando normal. Operamos normalmente como si nada pasara, pero presionados por el rumor de que el diesel solo daba para 4 hrs. todos pidiendo operar temprano.
El rumor del diesel nos hizo imaginar de manera romántica el apocalipsis cuando en unas horas se acabara el combustible, sin que la pipa pudiera entrar a causa del cierre de la avenida y el caos vehicular tan extendido en la zona.
Imaginamos el momento en el que se terminara y la planta se apagara, el riesgo de que ocurriera a media cirugía, o como para evitarlo se suspendieran todas.
Pero sobre todo, todos pensábamos en la unidad de terapia intensiva, la de niños y la de recién nacidos.
Imaginamos un instante en el que se tuviera que mantener a mano la función que hacian los ventiladores automáticos.
Imaginamos el reto (no poco frecuente en algunos hospitales), de ventilar manualmente a cada uno de los intubados de la terapia intensiva.
Con nostalgia, con un poco de angustia, esperamos, esperamos como el pueblo de Kavafis a que se acabara el Diesel, e igual que ellos, nos quedamos esperando, porque la luz se restableció una hora antes de la hora límite, y volvimos al frio, y a la lluvia, y a la rutina.
Los barbaros no llegaron.

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