martes, 8 de diciembre de 2015

Padres posmodernos.

Cuando yo era niño, no era habitual que los padres (en este caso me refiero exclusivamente a los hombres), acudieran a la escuela a ver a los niños.
Ahora, en mi rol de padre, veo como han cambiado las cosas en 30 años.
Uno de los aspectos que veo como causa, es que el enfoque hacia los niños ha cambiado con el tiempo: la forma de disciplinar, las herramientas, los juguetes, la técnica sobre todo.
Y si bien las motivaciones en el fondo son las mismas, si cambia la forma en la que nosotros los hombres vemos la paternidad.
En algún lugar leí que a los hombres de la actualidad, nos aventaron a hacernos cargo de un montón de cosas para las que no recibimos entrenamiento alguno, pues además habría sido mal visto.
Me explico: a las niñas desde siempre se les entrena en el mundo maternal, con muñecas, que pueden ser desde un oso de peluche, hasta las que casi comen y evacúan apestoso. El rol lentamente se les va infundiendo, y saben desde niñas, que los niños hacen popó, que hay que dormirlos, saben cambiar una muñeca de ropa, peinar el cabello, dar la mamila, etc...
A los niños (al menos en mis tiempos), nunca. Jugábamos de todo, pero pensar jugar con una muñeca y hacerle al papá, pues no.
Y toma, que llegas a la madurez, y de un día para otro, te das cuenta no solo de lo que tienes que hacer, sino que lo quieres hacer: cambiar pañales, llevar la pañalera, levantarte en la noche a dar la mamila, llevar y recoger de la escuela, ir a entrenamientos, a festivales, darte cuenta que "está de wueva", pero que no quieres dejar de hacerlo... y asi, sin entrenamiento, forzado a sacar un instinto que probablemente como macho de la especie humana no tenemos, pero que la razón nos hace querer ser cercanos a nuestros hijos.
Algo que tenemos que agradecerle a nuestra época es que hombres y mujeres proveamos al hogar, pues eso a muchos nos ha dado libertad (o necesidad) de estar mas con ellos. Repartir los roles de manera equitativa para cuestiones de los hijos y trabajo, al final puede ser una bendición.
Me he encontrado con legiones de padres que, trajeados, van a dejar a los niños a la guardería. Autos de lujo, con señores que parece que hablan solos, pero que hablan con sus hijos que vienen en el asiento trasero, en sus sillitas.
Tristemente también esto trae una trampa, la de los padres que, absorbidos por el trabajo, no conviven con sus hijos y quieren compensar su ausencia con regalos y adulaciones. Que se nota que no los conocen, y se nota en la forma de hablarles, el apoyo exagerado, del que desconoce a su gente, o que conociéndola le debe, y quiere compensarlo como sea.
Tengo esperanzas en esta generación, pues nunca como ahora, los padres hemos querido estar tan cercanos a nuestros hijos.
En resumen: Algo bueno tenía que tener la posmodernidad.

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